En FAMILIA

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Mis 11 normas de vida

  1. Llevar  una vida ordenada y ser disciplinado. La disciplina por lo general consiste en hacer justo lo contrario de lo que de verdad nos apetece hacer en ese momento. Los medios más sencillos para ser disciplinado son: 1) fijarse plazos; 2)      descubrir qué se nos da bien, lo más importante para nosotros, y concentrarse  en ello; y 3) sustituir las malas costumbres por buenas costumbres, una a una, empezando por aquella que nos resulte más fácil cambiar.
  2. Aprovechar  el tiempo.  El tiempo es la riqueza más grande, y lo único que puede impedirnos llegar a cumplir algo. El tiempo perdido no se vuelve a recuperar, por lo que malgastar el tiempo es malgastar la vida. Por ello me esfuerzo   en  no involucrarme en actividades en las que el único objetivo sea “pasar el tiempo”. La elección más importante de nuestra vida es elegir en qué queremos invertir nuestro tiempo.
  3. Pensarlo dos veces antes de prometer o comprometerme con algo, sea lo sea. Las promesas son contratos que deben cumplirse. Y eso incluye los acuerdos a      los que llego conmigo mismo.
  4. Una dosis de prudencia evita grandes lamentos. Siempre hay que esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor. Los arrepentimientos de verdad llegan solamente cuando no se ha hecho todo lo posible. Debemos hacer más de lo que se espera de nosotros. La vida es sencilla si hacemos frente a las dificultades y se complica cuando simplemente buscamos lo fácil.
  5. Dormir lo suficiente.  Siempre procuro acostarme y despertarme a la misma hora y dormir  siempre lo suficiente, una regla que no me salto salvo por algún motivo      personal o profesional importante. Sólo tomo alimentos naturales ricos en      nutrientes, evito la cafeína después de la una de la tarde y no bebo alcohol al menos desde tres horas antes de irme a dormir.
  6. Todas las mañanas me dedico a escribir durante al menos hora y media antes de ponerme a hacer cualquier otra cosa. Nunca miro mis e-mails antes de acabar este bloque de trabajo.
  7. Cada día, después de terminar mi trabajo, hago una lista de las tareas para el día siguiente. También escribo un diario en el que anoto los objetivos de mi vida y los progresos que voy haciendo.
  8. Intento evitar cualquier enfrentamiento o conflicto, tanto en persona como      por internet. Son una pérdida de tiempo y energía. Si no tengo razón o estoy equivocado, me disculpo y soluciono el problema lo antes posible. No obstante, los demás están en su derecho de no aprobar lo que hago o no estar de acuerdo conmigo aunque yo esté convencido de su fundamento, pero no voy a ponerme a discutir. Cuando me encuentro en una situación potencialmente conflictiva, respiro hondo, me paro, suelto aire y vuelvo a concentrarme en mi trabajo y en mis objetivos, sin dejarme  arrastrar hacia otro terreno en el que tengo mucho que perder y nada que ganar.
  9. Siempre intento tener en la cabeza las dos consignas siguientes:
    1. Relativizar. Y con ello me refiero a que la vida está llena de pequeñas nimiedades que pueden bloquearnos por completo si decidimos darles       importancia. La vida es demasiado corta como para centrarnos en algo       distinto a nuestros objetivos principales. Cada uno de nosotros tiene una       misión que cumplir consigo mismo y con los demás; no hay que perder el       tiempo en problemas secundarios.
    2. Nada  es para siempre. Esta fórmula me ayuda tanto en los buenos momentos como en los malos. En los días difíciles de mucho trabajo y preocupación, sé que “nada es para siempre”. El pequeño sufrimiento por el que me toca pasar ahora pronto quedará en el olvido, cuando recoja los frutos de mi trabajo o cuando piense en todo lo que he conseguido. Y en los buenos momentos trato de recordar que no debo dejar de lado mis objetivos aunque las cosas vayan bien. Sean cuales sean las alegrías del momento, nunca  debo  abandonarme a la pereza, porque aún quedan muchas cosas por hacer y mejorar en el mundo.
  10. Nunca  seré quien no quiera ser. No seré ruin, ni tendré celos, ni envidias, ni cederé ante ningún otro sentimiento fácil. No haré caso a rumores ni criticaré a      nadie, esté con quien esté y sea donde sea. No seré negativo, porque ser positivo es mucho más sencillo. Me rodearé de personas que me aporten experiencias, conocimientos y valores y que enriquezcan mi vida.
  11. Escribiré con honestidad y sensibilidad. Hace mucho tiempo que dejó de preocuparme lo que los demás piensen de mí. La cantidad de personas a las que puedo ayudar compartiendo los resultados de mis estudios, ideas y consejos en mis      e-letters es más importante que la opinión ajena. Los poemas de amor más      hermosos están escritos por los poetas más apasionados. Nunca conseguiría ayudar a todas las personas que quisiera si me guardara para mí “la información que de verdad vale”. Y no pararé hasta ayudar a un millón de hombres y mujeres a retomar el control de su salud, su cuerpo y su espíritu para transformar su vida, vivir mejor el presente      y prepararse mejor para el futuro.

Y esto es todo. Estas normas me permiten vivir con menos complejos, más energía y más productividad y eso no lo hubiera conseguido sin haber tenido clara mi filosofía de vida. Evidentemente no estoy diciendo que siempre, todos los días, consiga cumplirlas todas, pero sí me marcan unas pautas de actuación, y cuando corro el riesgo de pasarme de la raya, me suena una “alarma interior”.

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